Tras una racha negativa que incluyó la caída ante Vélez, el club de Núñez afronta un 2026 cargado de competencia y con escaso margen de maniobra para el nuevo cuerpo técnico.
Un calendario sin respiro
El último partido de Gallardo será ante Banfield. Apenas cuatro días después, ya con nuevo entrenador, River visitará a Independiente Rivadavia de Mendoza, uno de los equipos que mejor comenzó el Torneo Apertura.
Antes del parón por fecha FIFA, el conjunto millonario deberá afrontar además compromisos ante Atlético Tucumán, Huracán, Sarmiento y Estudiantes de Río Cuarto, todos en el marco del Apertura. La acumulación de partidos obligará al nuevo DT a tomar decisiones rápidas, tanto tácticas como en la gestión del plantel.
Tres frentes y una obligación: competir
El 2026 presenta tres grandes objetivos:
Copa Sudamericana: River vuelve a disputarla tras más de una década. El certamen asoma como una oportunidad concreta para cortar la sequía internacional.
Copa Argentina: el equipo ya se encuentra en 16avos de final y es una vía directa a la clasificación continental.
Torneo Apertura: deberá realizar una campaña sólida para meterse en los playoffs y sostener la competitividad local.
El contexto es exigente. El plantel cuenta con nombres de jerarquía y experiencia, lo que eleva las expectativas. No habrá período de adaptación prolongado ni margen para experimentos extensos. La presión será inmediata.
El margen de error
El nuevo entrenador heredará un grupo con potencial, pero golpeado anímicamente. La clave estará en recuperar confianza, ordenar el funcionamiento colectivo y administrar energías en un calendario comprimido.
River inicia una nueva etapa sin el técnico más exitoso de su historia reciente. La reconstrucción no admite pausas: el 2026 ya está en marcha y los resultados marcarán el rumbo desde el primer día.























